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September 15, 2008 | admin | Comments 0
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Como enseñar a rezar a los hijos

Hoy, en muchas de nuestras familias, ya no se reza. Y empiezan las justificaciones: nos da pena proponer a la familia; la oración parece algo forzado, artificial, no nos sale dentro; los hijos son demasiado pequeños o demasiado crecidos… Sin embargo, la oración en familia es hoy posible. El primer paso lo tiene quedar la pareja aprendiendo a orar ellos juntos. Una oración en pareja, sencilla, normal, sin demasiadas complicaciones, hace bien a la pareja creyente y es la base para asegurar la oración en los hijos.

Provocar el ambiente apropiado

La oración en familia pide un cierto clima. Algunas familias llegan a reservar en la casa un lugar o “rincón de oración” especialmente destinado para orar, como expresión de que se le deja a Dios un sitio en la casa. Es un rincón preparado con alguna Biblia, un Cirio, alguna planta, que se puede adornar de manera apropiado en algunos tiempos litúrgicos.

También se puede cuidar más lo que entra en el hogar (cierto tipo de revistas, videos, libros, cassettes, programas de TV). No es difícil hoy suscribirse alguna revista cristiana, comprar libros sanos y educativos para los hijos, Evangelios y Biblia para los niños, cassettes con grabaciones para orar, grabación del Rosario.

Se puede también introducir algún símbolo, imagen o signo religioso de buen gusto. Los lugares más apropiados son, sin duda, la sala de estar donde la familia se reúne para descansar, hablar o ver la tele, y las habitaciones de los hijos donde, entre otros pósters y objetos variados, pueden haber algunos te tipo religioso, algún recuerdo de la primera comunión o de la confirmación, los Evangelios, alguna imagen de Jesús.

Saber enseñarles

Antes que nada, es necesario que el niño vea rezar sus padres. Si ve a sus padres rezar sin prisas, quedarse en silencio, cerrar los ojos, ponerse de rodillas, desgranar las cuentas del Rosario, poner el Evangelio en el centro de la mesa después de haberlo leído despacio, el niño que capta y críticamente la importancia de estos momentos, percibe la presencia de Dios en el hogar como algo bueno, aprende un lenguaje religioso, palabras y signo que quieran grabados en su experiencia, aprende unas actitudes y se va despertando en el la sensibilidad religiosa.

Nada puede sustituir a esta experiencia. Pero, además, es necesario orar con los hijos. Los niños aprenden a orar rezando con su padres. Hay que hacerlo participar en la oración, que aprendan hacer los gestos, a repetir algunas fórmulas sencillas, algún canto, a estar en silencio hablando Dios. El niño ora como ve orar. Llegará un momento en el que el mismo podrá bendecir la mesa, iniciar una oración o leer el Evangelio con la mayor naturalidad. La oración queda grabada en su experiencia como algo bueno, que pertenece a la vida de la familia, como el reunirse, el hablar, el reír, el discutir o el divertirse.

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Cuando era muy pequeño, esto es, desde la fecha que aún tengo recuerdos, no podía dormir si no se sentaba en mi cama junto a mi madre, yo soy el segundo de 6 hermanos, lo primero era oír algún cuento o alguna historia, y luego la infaltable oración antes de dormir. “Jesusito de mi vida, eres niño como yo, déjame ser tu amigo, yo te entrego mi corazón, y tu me das tu amor, cuídame al dormir por favor” o la bien conocida oración “Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”, luego me pergsinaba y a dormir.

Cuando conversamos de este tema entre adultos ya de mi edad, a muchos les trae bellos recuerdos esta costumbre, y no encontramos mucha explicación porque no es un hábito como lo fue antes.

Cuando asistimos a la Santa Misa, la proporción de edad de los fieles que vemos es mas o menos un setenta por ciento de adultos mayores, y en el treinta por ciento restante no son todos adolescentes, tal vez la minoría, creo que eso es consecuencia de esta falta de enseñanza de orar que tienen los niños, es una de las tantas razones por la cual debemos retomar esta costumbre tan bella, porque así se iniciaba la comunicación de los padres con los hijos, es el primer catecismo, es la primera enseñanza de amor por Jesús. No es esto nada de difícil, empecemos de nuevo.

Comencemos de una manera muy familiar y sencilla, oremos con nuestros hijos junto a su cama, ambos padres, y seguro que nuestros hijos y nosotros dormiremos con una gran paz interior. No busquemos ninguna oración complicada, lo más sencillo y natural posible y estaremos sembrando las más hermosas de las semillas en el corazón de nuestros hijos, y esta  podrá dar los frutos que el Señor no pide.

“En un jardín de hermosas flores, el Señor dejo caer una semilla, y encargo a su hijo el riego y el cuidado, así fue como germinó la mas bella de todas, el Señor la esta ahora esperando en su mesa sólo él sabe cuando, porque y para que” (PSADB-1990)

No olvidemos poner en un lugar destacado en la habitación donde duermen los niños, alguna imagen de Jesús, a mi me agrada más en las que esta en brazos de su Madre la Virgen María.

Importante que tengan a la vista algún recuerdo de su bautismo y luego si lo han hecho de su primera comunión. Una pregunta me he hecho siempre, ¿porque no se pone una foto del día de matrimonio en la habitación de los hijos?

Percibir la presencia de Dios, de Jesús, de la Virgen María, desde pequeño, nos reconforta y nos da paz, no hace sensible en nuestra fe, porque si los hijos por ejemplo observan a sus padres que están tomados de la mano, con los ojos cerrados en comunicación con Dios, seguro de que ellos harán lo mismo, y de verdad percibirán al Señor, recuerden que el no dijo, que si dos o mas se reúnen en mi nombre yo estaré dentro de ellos.

Creo que esta experiencia es imborrable en nuestros niños, Dios Padre, Dios Hijo, el Espíritu Santo, mi padre, mi madre, mis hermanos, junto a mí orando en casa, que confianza para quedar en las manos de Dios.

José A. Pagola | ACIprensa.com

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